Viernes Santo en Tuxpan, Jalisco

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Luis Dumois

Photo Gallery: Viernes Santo en Tuxpan, Jalisco

“El pueblo de la fiesta eterna.” Eso nos habían dicho que dice el escudo municipal de Tuxpan, población del sur de Jalisco casi en los límites con el vecino estado de Colima, ya relativamente cerca de las costas que baña el Pacífico mexicano.

El pueblo de la fiesta eterna / The town of everlasting festivity. Crédito: Luis A. Dumois N.
El pueblo de la fiesta eterna / The town of everlasting festivity. Crédito: Luis A. Dumois N.

Llegamos a Tuxpan por la mañana de un Viernes Santo luminoso. Nuestro primer destino, la presidencia municipal. Queríamos constatar por nosotros mismos la exactitud del famoso lema, ya que solo lo conocíamos por referencias. ¿En qué otro lugar encontrarlo, sino en el edificio sede del poder público local? Para nuestra fortuna, nos tropezamos de primera intención con el Policía de Línea Heraclio Jiménez, quien con el mejor humor del mundo se prestó a contestar todas nuestras preguntas. Lo primero: el escudo. Una reproducción en cantera, de muy buen tamaño, nos repitió la frase detrás de la cual veníamos. No pude evitar preguntar, “Oiga, don Heraclio, ¿y hoy hay fiesta aquí en Tuxpan?” Contestó con una sonrisa: “¿Pos qué no ve, mi amigo, que aquí la fiesta es eterna?”

Habíamos salido de Guadalajara muy temprano (Tuxpan se encuentra a un poco más de hora y media de la ciudad por la autopista que va a Colima y Manzanillo), sin desayunar. Por recomendación de don Heraclio nos dirigimos hacia el mercado, un par de cuadras más allá. “Suban a la planta alta por la escalera del costado. Pregunten por Carmelita. Limpio y sabroso.” De camino hacia el mercado pasamos por la plaza frente a la iglesia. En el trayecto, la Cruz Gorda. La luz de la mañana, perfecta, por lo que pedí a mis acompañantes tiempo y paciencia para fotografiar este monumento, símbolo de la evangelización de los pueblos nahuas de la región. Esta cruz, nombrada “reina de todas la cruces,” fue levantada en el año de 1536. El padre Fray Juan de Padilla, Guardián del Convento por aquel entonces, logró que arquitectos venidos por orden del virrey trajesen los planos de otra cruz que existía en Huejotzingo, Puebla. Sobre esa idea se esculpió y erigió la Cruz Gorda. Después de un par de tomas, la presión amistosa: “Ya hace hambre: vámonos.”

Nos fuimos pues a desayunar. Carmelita, encantadora; su menú de cuaresma, soberbio. Tortitas de camarón con nopales en salsa roja; huevos rancheros y frijoles güeros, típicos de la región, acompañados de tortillas recién hechas y agua de guayaba. Maravilla. Como era vigilia no pudimos disfrutar de las coaxalas, sabroso guiso de pollo deshebrado en salsa de tomate morado y chile guajillo, platillooriginario de Tuxpan, ni el mole de pasillaque tanto gusta a propios y extraños. Bueno, otro día será.

Retablo. Crédito: Luis A. Dumois N.
Retablo. Crédito: Luis A. Dumois N.

Satisfechos y con una canción en el corazón reanudamos nuestra visita. Repasamos de nueva cuenta el atrio y la plaza frente a la iglesia. Al fondo, colocado como friso de un edificio lateral, admiramos los retablos puestos allí en ocasión de las fiestas de Semana Santa y Pascua. Multitud de formas, colores, frutas, botellas, flores y figuras nos recordaron el gran peso indígena entre la población tuxpense.

Entramos a la iglesia y preguntamos por las celebraciones del día. Una señora muy amable, de esas que venden reliquias, estampas y otros artículos religiosos a la entrada, nos informó acerca del evento importante: el paseo de carros alegóricos que tendría lugar, saliendo desde el atrio y después alrededor del pueblo, entre una y dos de la tarde. Tranquilos y con tiempo visitamos con calma la iglesia y sus anexos.

Nos encontramos allá adentro, como yava siendo común en las zonas cristeras de Jalisco y otros estados del centro y occidente de México, con una imagen de San Toribio Romo, el santro patrón de los migrantes. Muchas historias circulan entre los pueblos acerca del santo muerto hace más de 90 años, quien se aparece a trabajadores migrantes en situaciones extremas para salvarlos de mortales peligros al cruzar ilegalmente la frontera. Estoha contribuido a convertir a este sacerdote—cobardemente asesinado enTequila, Jalisco por tropas federales en 1928—en el más popular de los santos mártires de la Cristiada canonizados en 1992 por el Papa Juan Pablo II. Muchos piensan que el interés y la protección del santo se deben a los abusos y persecuciones que sufrió en vida, mismos con los que se identifican nuestros frecuentemente vejados y maltratadosmigrantes.

Invertimos el rato que nos quedaba en una larga caminata hasta la estación del ferrocarril, en parte para conocer más a fondo el pueblo, en parte para intentar bajar el generoso desayuno de Carmelita. No encontramos un solo edificio de interés por ningún lado. La arquitectura, sólida; las calles anchas, bien trazadas y pavimentadas y todo muy limpio, pero la armonía y belleza que se encuentran en muchos pueblos mexicanos brillaban aquí por su ausencia. Colores vivos: rojos intensos, verdes esmeraldas, azules, rosas y amarillos, eso sí. Otra vez la personalidad náhuatl anunciándose en fachadas, muros, puertas y ventanas.

Regresamos a tiempo al atrio. Ya la multitud se apiñaba alrededor de los carros alegóricos. Sobre plataformas de camiones y camionetas, o en remolques arrastrados por tractores, se habían montado cuadros religiosos alusivos al tiempo: representaciones de la Pasión y escenas del Viacrucis; actores gesticulando y hablando al pueblo a través de micrófonos y amplificadores habilitados al efecto.

Carro alegórico / Allegorical carriage. Crédito: Luis A. Dumois N.
Carro alegórico / Allegorical carriage. Crédito: Luis A. Dumois N.

Pilatos condenaba, a voz en cuello, al Cristo: “Poncio Pilatos, presidente de Jerusalén, mando y decreto que sea crucificado Jesús Nazareno, por falso profeta, engañador de las gentes, inquietador de la República, sembrador de doctrinas falsas y nigromántico.” Desde lo alto de una hermosa yegua alazana, un representante del pueblo, de sombrero vaquero y negro riguroso, lo increpaba: “Temed, Pilatos: vives entendido que al final pagarás con penas eternas tu ambición y tu injusticia.”

Procesión / Procession. Crédito: Luis A. Dumois N.
Procesión / Procession. Crédito: Luis A. Dumois N.

Uno a uno abandonaron los carros el atrio, seguidos por su banda particular de alientos y percusiones, por sus Judas y multitudes, para recorrer las calles de Tuxpan. Por fin salió el último. Esa fue para nosotros la señal de partida. Nos costó trabajo encontrar la salida hacia la autopista a Guadalajara, porque las procesiones lo inundaban todo.

Ya en la carretera nos dimos cuenta de lo contentos que íbamos. Comentamos, sorprendidos, la razón de nuestra euforia. Pronto encontramos la respuesta: la simpática y agradable gente con la que convivimos en Tuxpan. La gente, no los edificios ni los monumentos, es lo que hace que un pueblo mantenga viva y eterna la llama de la fiesta.

Published or Updated on: October 27, 2020 by Luis Dumois © 2020
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