El mariachi

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Luis Dumois

Nací en una tierra
que tiene la entraña
preñada de sol;
que huele a tabaco,
y el aire emborracha
porque sabe a ron.
El mar acaricia
toda su figura:
la viste con prendas
de coral y sal.

Marisela Verena

Aquí en Guadalajara se celebra cada año un encuentro internacional de mariachis, con festival y todo. No me detengo a explicar qué es un mariachi, pues estoy seguro de que todo el mundo sabe qué es eso. Ese tradicional conjunto musical, por cierto, nació aquí en Jalisco. Dado que Guadalajara es la capital de Jalisco, lo más natural del mundo es que también sea la capital mundial del mariachi. Vienen a nuestra ciudad mariachis de todo el mundo. Me ha tocado escuchar, inclusive, ¡mariachis japoneses!

El 16 de septiembre se conmemora el inicio de la guerra de Independencia en México. La noche del 15, para la madrugada del 16, se celebra la ceremonia del Grito de Dolores, cuando un grupo de líderes criollos, encabezados por el Padre Miguel Hidalgo, declararon la Independencia de España. Once años después del Grito, los Tratados de Córdoba, firmados en 1821 en la ciudad veracruzana que les presta su nombre, señalaron el nacimiento de la nueva nación mexicana.

Pero esa es otra historia: otro día.

En este país es costumbre y fiesta, que cada año se repite, reunirse a “dar el grito” la noche del 15 de septiembre. En nuestra empresa decidimos celebrar la ocasión con cena y baile adecuados a la fecha.

Un caluroso mediodía fui a contratar el salón, la cena, y demás accesorios, para nuestro “grito” de este año. Toño, el dueño de La Gran Fonda, buen amigo mío, me atendió personalmente. Estábamos enfrascados en la prueba del mole poblano, con tortillitas calientes, tequila y frijoles refritos, cuando apareció el mariachi contratado para amenizar el almuerzo.

Tocaron la primera canción, el Son de la Negra:

“Cuándo me traen a mi negra,
que la quiero ver aquí,
con su rebozo de seda
que le traje de Tepic.”

Muy jalisciense, muy bien ejecutada. Entonces, uno de los integrantes del grupo, con el más puro acento habanero, presentó al Mariachi Juvenil México de Cuba.

Se me atragantó el mole; el tequila se me subió a la cabeza. Cantaron varias piezas, las que no pude más que acompañar a voz en cuello, con el caballito de tequila en alto. Una mulata preciosa, con voz y entonación de privilegio, nos regaló las sentidas estrofas,

“Creibas que no había de hallar,
amor como el que te di;
tan al pelo lo jallé,
que hasta me olvido de ti.

“Amigos, les contaré
una aición particular:
si me quieren, sé querer;
si me olvidan, sé olvidar.”

Los pensamientos, las imágenes, las viejas querencias se arremolinaron sobre mí.

Y entonces, sin saber cómo, empecé a escuchar, por primera vez en mi vida, el cubanísimo Son de la Loma, cantado por un mariachi. Eso sí ya fue demasiado, señoras y señores. Uno de los cantantes del grupo sacó a bailar a una de las damas que estaban por allí; una cubana vestida de mariachi me sacó a bailar a mí. Por supuesto, me rehusé (bueno, eso le conté a mi mujer).

Oyéndome cantar a todo lo que daba,

“Son de La Loma,
y cantan en llano:
Tú verá’.
¿Cómo no?
Mamá ‘llo’ son de la Loma.
Mamá ‘llo’ cantan en llano.
Mamá ‘llo’ son de la Loma.
Mamá ‘llo’ cantan en llano.”,

y mirándome mover la cintura como sólo los que nacimos en el Caribe sabemos hacerlo, el cantante principal del mariachi cubano, una vez terminada la actuación, se sentó en mi mesa.

Y la pregunta obligada: “¿Usted es cubano?”

Y la conversación entrecortada, llena de dualidades (cariño de compay y recelo al mismo tiempo), la conversación de siempre, se adueñó de nosotros. Las familias divididas, los problemas económicos, el miedo, las tragedias, los olvidos, los recuerdos. La misma triste, vieja-pero-no-gastada, y al mismo tiempo querida, buscada, conversación de siempre.

Por fin, el cantante del mariachi se levantó, porque lo estaban esperando. Y yo también me levanté, de regreso en mi México de hacía quince minutos. Este México lindo y querido, al que le debo acogida, familia y las más sentidas gracias.

(Pero, no sé por qué, aquí el sol no pica igual. Y el mar no tiene los mismos colores. País maravilloso, México. Pero le falta sol y sal y cintura y son y tabaco y ron.)

Dumois. Febrero de 1999.

Published or Updated on: February 1, 1999 by Luis Dumois © 1999
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