
tonyburton

Feb 9, 2006, 2:32 PM
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Here is the text of Chapter 28 of "El Occidente de México: un tesoro para el viajero" (written by me, translated by Lorenza Castiello; 2004). The English version is "Western Mexico: A Traveller's Treasury". Both English and Spanish versions are available through Sombrero Books Enjoy! 28. Paricutín y Angahuan: un volcán de anécdota y un pueblo indígena. El Paricutín es un volcán que hizo erupción repentinamente en medio de la milpa de un campesino en 1943 y que también en forma inesperada se apagó en 1952; el panorama que lo rodea es uno de los más sensacionales del mundo. Este es un lugar que no debe perderse, aunque sólo tenga unas pocas horas. Dentro de toda la historia registrada, los científicos han tenido la oportunidad de estudiar muy pocos volcanes totalmente nuevos dentro de las áreas continentales (los nuevos volcanes isleños en el océano son comparativamente más comunes), y esto es lo que hace que el Paricutín sea tan especial. Los primeros dos volcanes nuevos que se formaron en las Américas durante eras históricas están a sólo cien kilómetros de distancia. El primero es el Jorullo, que surgió en 1759, y el segundo es el Paricutín. Dominando el valle donde ahora existe el Paricutín, está el pico de Tancítaro, la cima más alta del estado de Michoacán, con 3,845 metros de altura, a veces nevada en invierno. En el año de 1943, los purépechas locales habitaban una serie de villas y pueblos esparcidos por el territorio del valle. Entre ellos se encontraba Angahuan, que ha sobrevivido hasta nuestros días, Paricutín, donde vivían 500 personas, y San Juan Parangaricutiro. Este último fue famoso alguna vez por sus colchas y cobertores bordados, motivo por el cual se le conocía como San Juan de las Colchas. Su iglesia, cuya construcción inició en 1555, quedó inconclusa y siempre ha tenido solamente una torre. El 20 de febrero de 1943, Dionisio Pulido estaba arando su tierra con su esposa Paula, su hijo y un vecino cuando, a las 4 de la tarde, sintieron que el suelo se estremecía bajo sus pies. Mientras observaban, el suelo se elevó más de dos metros, surgieron nubes de humo y cenizas acompañadas por zumbidos y un fuerte olor a azufre; las chispas incendiaron un pino cercano, ante todo lo cual huyeron los Pulido. Cuenta la leyenda que Dionisio trató primero de sofocar con piedras sueltas el emergente volcán y que después pensó que el volcán nunca hubiera hecho erupción si no hubiera arado su tierra, pero tales reseñas son casi de seguro, mera ficción. El volcán creció rápidamente, proporcionando tanto a espectadores y vulcanólogos visitantes como a los residentes por igual, espectaculares exhibiciones de fuegos artificiales. El mes de marzo fue una temporada particularmente ruidosa en la historia del Paricutín: las explosiones se oían hasta Guanajuato y las cenizas y arena volaron hasta la Cd. de México y Guadalajara. Una serie de corrientes de lava originadas a unos 10 kilómetros bajo tierra, surgieron por el cráter principal, elevando la altura del volcán a más de 400 metros antes de su primer cumpleaños. A principios de 1944, otra corriente de lava se derramó por un gigantesco arco llegando a las afueras del pueblo de San Juan Parangaricutiro. Afortunadamente, el pueblo ya había sido abandonado y las partes de la iglesia que sobrevivió en el "viejo" San Juan, incluyendo su altar, aún se pueden visitar hoy en día, aunque el llegar implica tener que encaramarse sobre bloques mellados de lava. El poblado de Paricutín también tuvo que ser abandonado antes de que el flujo implacable de lava lo sumergiera. Sin embargo, en el caso de este pueblo, no quedó nada; una pequeña cruz que permaneció por encima de la lava marca su posición aproximada. Los habitantes evacuados fueron escoltados por soldados a Uruapan y más tarde fundaron San Juan Nuevo. Otros se asentaron en pueblos y ciudades existentes. Repentinamente, en febrero de 1952, nueve años después de la primera erupción del volcán, la lava dejó de fluir. En muchas partes todavía salen fumarolas de vapor caliente del suelo, del cual, al tacto se puede apreciar su temperatura claramente caliente. Disfrutar de todo un día en Paricutín se ha hecho más fácil desde la construcción de cabañas turísticas rústicas a la orilla del poblado de Angahuan. El restaurante, que sirve sabrosas especialidades del lugar, ofrece a sus clientes una vista panorámica que comprende la lava y la iglesia medio enterrada. En febrero de 1993, para conmemorar el 50 aniversario del volcán, se inauguró una exhibición permanente de mapas, planos y fotografías que describen la historia del volcán y del área circundante. Es posible alquilar caballos para hacer un recorrido a la iglesia o al cono del volcán, algo más lejos. El último requiere de una salida temprana ya que en su última parte es necesario trepar a gatas entre las cenizas sueltas y escoria volcánica que componen el cono y luego hasta la angosta orilla de este cráter realmente magnífico, desde donde se puede disfrutar de una vista maravillosa, y sólo entonces es posible apreciar en su totalidad la extensión del área devastada por el volcán. No hay nada que lo pudiera haber preparado para esta sorprendente vista parecida a la superficie lunar. El poblado de Angahuan Angahuan, el poblado más cercano al volcán, es fascinante; tiene una hermosa iglesia de mediados del siglo XVI con muchas características mudéjar, estilos de casas peculiares que hacen amplio uso de la madera local y de adornos de lana hechos a mano. Su nombre original era Andanhuan, que según los indígenas, los españoles no lograron pronunciar, de ahí su transformación a Angahuan. El nombre purépecha significaba "lugar en lo alto donde la gente se detiene" o "lugar donde la persona en lo alto (el capitán) se detiene". Los españoles, con todo y capitán, llegaron en 1527, bajo el mando de Nuño Beltrán de Guzmán. Uno de los primeros misioneros de aquí, Jacobo Daciano, le ordenó a un canterero moro que estaba con él, que permaneciera en Angahuan y construyera una iglesia. El canterero hizo un buen trabajo; compruébelo en el interior observando detenidamente el techo. Esta iglesia de Angahuan es una de las muy pocas en el país con tan marcadas influencias moriscas; está dedicada a Santiago, a quien como en casi todo México, se le muestra a horcajadas en un caballo. Cruzando la placita hay una puerta de madera ricamente labrada con una serie de paneles que describen la historia, o al menos una versión de ésta, de la erupción del Paricutín. Un panel muestra claramente que el pintor, Simón Lázaro Jiménez, tenía sentido del humor en relación al turismo. Su diseño ganó el primer premio en una competencia regional de artesanías en 1981 mismo que rechazó; adquirió el derecho de autor de su singular diseño y usó este trabajo ya terminado como la puerta principal de su propia casa. Muchos pueblitos y villas del país dependen de un sistema de altoparlantes para la transmisión de todo suceso y noticia importante. Angahuan no es una excepción; busque las bocinas montadas a lo alto sobre la plaza, quizá hasta le toque escuchar alguno de los anuncios locales que se hacen en purépecha. Si no domina usted esta lengua, le será totalmente incomprensible, sin embargo, este es el único idioma común para los indígenas de la zona, puesto que muchos de ellos no hablan español; sus hijos con frecuencia les traducen. Si bien el purépecha no está cercanamente ligado a ninguna otra lengua nativa de México, se relaciona lejanamente con el idioma de los zuñis de los Estados Unidos y con el de los quechuas y aimarás de Sudamérica. Las características trojes de Angahuan, construidas con vigas de madera y techos de teja de dos y cuatro aguas, lentamente están siendo reemplazadas por monstruosidades modernas edificadas con bloques de concreto. Desde Angahuan, la carretera de regreso hacia Carapan pasa a través de Paracho y Cherán. Paracho es el centro de fabricación de guitarras, donde se han hecho instrumentos musicales de todos tipos y precios durante cientos de años; también un buen lugar para buscar juguetes de madera y miniaturas. El siguiente pueblo, Cherán, es de igual manera, tan típicamente indígena que hasta cuenta con una estación de radio en la lengua purépecha. * * * El Dr. Atl y el Paricutín Uno de los individuos más extraordinarios de México de principios de siglo, Gerardo Murrillo (Dr. Atl), pintor, vulcanólogo, explorador, muralista y escritor, llegó poco después de que el Paricutín empezara su actividad y vivió en sus laderas durante varios meses. En 1950, Atl, el padre de la revolución artística y del movimiento muralista de México, publicó un relato magnífico y erudito de la actividad volcánica, ilustrado con más de cien dibujos, mapas y fotografías. Atl fue un ferviente defensor de aquellos indígenas que no querían ser retirados de sus casas al ir avanzando la lava hacia ellos, e hizo muchos relatos de sus propios difíciles escapes. En una ocasión, una mujer indígena en las cercanías perdió su casa en la lava pero alcanzó a salvar una gallina y un sartén; calmadamente se puso a cocinarla y le ofreció al Dr. Atl una porción de su comida. En otro momento, Atl se resignó a morir al ver que la lava virtualmente circundaba su pequeño campamento. Corrió a su tienda de campaña y rescató un machete y una botella de whisky, exactamente cuando la lava finalmente se detuvo. Atl afirmó después que aventó el machete a la lava porque ya le era inútil pero que ¡el whisky apenas fue suficiente para revivirlo! Atl murió a la edad de 89 años en 1964. Sus dramáticas y excitantes pinturas de los volcanes de México no han sido nunca igualadas. --------------------------------------
(This post was edited by tonyburton on Feb 9, 2006, 5:11 PM)
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