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Blikers

Apr 24, 2004, 11:33 AM

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Shortcut

Reporte desde la Frontera Norte (II)

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Sólo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente,
que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo, sin haber hecho lo suficiente.
León Gieco



Hace apenas unas semanas, justo enfrente de mi casa, mi vecino se encontraba tomándose unos tragos en la banqueta con unos amigos. Un coche café se acercó y de él descendieron tres hombres, dos armados con pistolas, el tercero con un bate de baseball. Los primeros amenazaron a los amigos; el último, según declaraciones posteriores, le dijo a mi vecino, “¡Acuérdate de San Antonio!” y procedió a destrozarle el cráneo con el bate. No pasaban de las 5:00 P.M. Todo sucedía en plena vía pública, en una de las calles más importantes de Nuevo Laredo y frente a dos guardias de seguridad escolar; como era de esperarse, el caso no pudo resolverse. Yo estaba en el trabajo cuando ocurrieron las cosas. Volví a casa esa noche y no noté nada fuera de lo común. Reinaba la calma habitual. Había bastado con que recogieran el cuerpo para que el hecho se desvaneciera de la vida cotidiana.

Me gusta vagar por la ciudad al amanecer. Salí tan pronto me levanté la mañana siguiente. Di los primeros pasos, crucé la calle y sin darme cuenta mi pisada cayó sobre un charco al lado de la alcantarilla. Diluidos en agua, pisaba los vestigios de sangre del incidente del día anterior. Volví a casa, me bañé y como de costumbre abrí el periódico. Lo acontecido en la calle Madero pareció no importarle mucho a nadie: ocupaba un rinconcito en el área de Locales. Un rinconcito así, chiquito. Probablemente era el espacio que merecía, el espacio que se da a este tipo de noticias. Cosas que desgraciadamente ocurren en muchos días. Y es que en sí, no era un hecho de relevante importancia para nadie, fuera de los dos hijos y la esposa y tal vez la madre del muerto.

Hace ya años que comencé a leer el periódico, si no a diario, al menos cada vez que puedo. Adquirí la costumbre probablemente por tradición. Cada mañana mamá se levantaba, se preparaba su café y se sentaba en la mesa del comedor a hojear el diario, mientras yo me alistaba para ir a la escuela. Antes de llevarme, mamá subía a despertar a papá, con un café en la mano y el periódico en la otra. Si pienso en mi abuelo, la primera imagen que se me viene a la mente es la de un hombre sentado en la terraza con una Coca-Cola y cuatro periódicos distintos regados a su alrededor. El periódico forma parte de la vida en casa; no me quedó de otra más que tomar la costumbre de su lectura desde niña. Aprendí viendo cómo lo leían los demás, cómo lo desbarataban y pasaban página tras página en cuestión de segundos, leyendo sólo lo que les interesaba. En ese ver, aprendí también a desbaratarlo y a no prestar mucha atención a la sección de Sucesos.

Cuando tenía unos diez años, recuerdo haber estado escrutando en mi cuarto precisamente lo que Siglo 21, un diario local, ubicaba como Noticias policíacas. Mamá entró, me vio y dijo: “No leas eso Blikers, es puro morbo”. Yo disfrutaba leyendo esa sección del periódico -bastante, de hecho-; la leía a escondidas. Con el tiempo me dejó de llamar la atención: todos los días salía lo mismo. Como mi familia, y creo que como gran parte de la población, desde niña asimilé estas cosas como una lectura a veces hasta de ocio, como algo de todos los días. Y creía estar enterada y al día de las noticias, cuando en sí lo que estaba era falta de conciencia. Caí en cuenta de ello hace tan sólo unas semanas, cuando pasmada, miré sin pestañear la suela de mi zapato durante unos minutos; solamente por haber sido post-testigo de esa noticia del rincón de la página, parecida a la que miles de personas en el mundo hojean a diario en las policíacas.

Volvamos al día del batazo. Tras leer la noticia, tomé la página de Sucesos y desplacé mi mirada, por primera vez con calma, sobre la nota principal. Me topé con una fotografía bastante trágica. Entre llantos, dos señoras cavaban en una bodega abandonada a pocos kilómetros de Nuevo Laredo. Leí la nota que la acompañaba. La policía recibió una llamada anónima dando informes de dos cadáveres enterrados ahí. Las dos señoras que aparecían cavando desesperadas necesitaban saber si esos cuerpos eran los de sus hijos, desaparecidos desde hacía más de un año. Sentí vértigo y culpa. Acababa de botarme de risa el día anterior al ver la caricatura de la página tres, en donde aparecía el presidente municipal de Nuevo Laredo con una esplendorosa expresión de orgullo en el rostro. Muy orondo, y señalando con el dedo el estado de Chihuahua, la caricatura lo mostraba parado sobre unos cadáveres a medio enterrar. En un recuadro se leía: “Aquí por lo menos no tenemos narcofosas como en Ciudad Juárez”. Caí en un choque, perdida entre realidades y ofuscaciones. Dejé de leer el periódico durante casi tres semanas después de lo ocurrido.

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Una mañana de ésas en que uno amanece especialmente de buenas, volviendo de vagar, me topé con un rollo de papeles reciclados al pie de la entrada de la casa. Sucumbí a la tentación, lo tomé y leí la primera plana: Atentado en España deja 192 muertos, estallan 10 de 13 bombas en el metro. Algo impresionada entré a casa, dejé el periódico sobre la mesa y me metí a bañar.

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Armo un almanaque con todo lo que sale en el periódico sobre migración; es un trabajo que teóricamente permite a largo plazo sistematizar y entender mejor la problemática migratoria. Es un trabajo simple; consiste en recortar y enmicar toda noticia donde se hable de muertos y desaparecidos y supuestos avances de un pacto migratorio que en realidad no camina. Noticias de campesinos a los que “confunden” con jabalíes en Texas; ahogados, deshidratados, engañados por coyotes; mexicanos, centroamericanos y hasta brasileños que ven frustrados sus sueños desfilan día tras día por estas páginas que la gente lee sin conciencia. Pasan de allí a una carpeta en la que raras veces alguien se interesa. Es un trabajo que tengo apilado desde hace más de un mes.

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El tiempo vuela. Amanezco de buenas, vengo al trabajo y entre broma y broma mis compañeros no paran de hacerme reír en todo el día. Con las personas que servimos en la casa hemos organizado un equipo de base y otro de colaboradores. Rogelio es uno de los segundos: trabaja de taxista y además, cuando puede, nos ayuda en el comedor. Rogelio recibió una llamada telefónica el 6 de marzo procedente de San Antonio, Texas. Hablaban para avisarle que su hija, de veintitantos años de edad, estaba muerta. La habían asesinado a cuchilladas en su casa. Dejaba tres hijos. El papá y esposo era el principal sospechoso del asesinato; estaba prófugo. Trajeron el cadáver, tan maquillado que la muerta parecía muñeca dormida. Rogelio pasó días actuando como si nada hubiera sucedido. Platicaba con todos en el velorio con una naturalidad que no podía ser normal. A los pocos días el panorama se volvió desolador: cara larga, ojeras, un silencio que movía entraña. El hombre parecía por fin darse cuenta de lo sucedido.

Una semana después apareció el esposo sospechoso ahorcado en una casa de Nuevo Laredo. Hoy los niños están bajo custodia de sus abuelos maternos, léase Rogelio. Hay un juicio en pie, no para ver quién se queda con ellos, sino porque la mamá del fallecido quiere cobrar el seguro y la herencia a su favor.

A tres días de lo de Rogelio, nos enteramos de que tuvieron secuestrado al sobrino de otra de las colaboradoras. No es ni de clase media-alta, pero pidieron por él cinco millones de pesos. Estuvo detenido más de un mes, al parecer en una casa sobre la Av. Colón, zona de los ricos de Nuevo Laredo, donde la policía no se mete. Según compartió al ser liberado, había más de 15 secuestrados en el mismo lugar. No sabe ni cómo está vivo. El hombre, casado y con dos hijos, quedó tan marcado por la experiencia que no sale de su casa. El 24 de marzo don Juan, otro de los colaboradores, partió de emergencia a Ciudad Juárez. Le avisaron que su hijo se había pegado un tiro en el estómago; intento de suicidio.

Toda esta serie de acontecimientos desagradables a veces me lleva a vivir sumida en una especie de reflexión y desasosiego ante la vida. En ocasiones se funde con la plenitud que siento de fondo al realizar mi trabajo, pero fuera de esos momentos la inquietud persiste y no se inmuta en lo más mínimo ante las satisfacciones que me proporciona mi labor. Acompaño casi todos los días realidades que en otro momento hubiera catalogado de fuertes, la mayoría de las cuales acepto con tanta naturalidad que ya me preocupa haber caído en un nihilismo excesivo. A ratos busco con desesperación lograr cimentarme en una base religiosa, hasta el momento sin éxito. Aunque por un lado me parece bien el hecho de no dejar de gozar a pesar de las circunstancias, a veces temo que, de la misma manera en la que desde niña mis ojos se acostumbraron a leer lo que sucede sin sentirlo, algún día deje de sentir escalofríos al vivir la violencia del ambiente y no me perturbe más el atestiguar el mal que acontece. Tal vez, reproduciendo esquemas, en unos años más mi hijo-en-el-futuro se acercará una mañana al comedor, listo para ir a la escuela. Yo estaré hojeando las noticias policíacas, con cierto espíritu de ocio. Con la curiosidad innata de los niños, posará su mirada sobre los subtítulos de la hoja y preguntará, “¿Qué hay de nuevo, Ma?”. Yo, dando un último trago al café, le diré: “Nada importante, enano, lo mismo de diario”.

Así comenzará una vida más de indiferencias.

Blikers



(This post was edited by Blikers on Apr 24, 2004, 11:59 AM)



raferguson


Apr 24, 2004, 8:07 PM

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Shortcut

Re: [Blikers] Reporte desde la Frontera Norte (II)

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Es un cuento triste, la violencia es demasiado cerca a usted. Gracias de Dios, nunca he sufrido una temporada como este, mi ciudad is mas seguro que Ciudad Juarez, pienso.

Para mi, el mal y el violencia es dificile a entender, pero la iglesia habla del pecado original (Original sin = pecado original?). A veces, leo de genocidio, el mal y violencia en grande, aun mas dificile que la violencia de la calle o familia. Pienso que la explication de la iglesia es lo mejor. Aconsejo el libro de Job en la Biblia, pero la verdad es dificile a entender, pienso. La logicia y la sciencia no tiene respuesta mejor. La poesia y la musica tienen respuestas también.

Espero que las semanas proximas estén mejor para usted y suyos.


http://www.fergusonsculpture.com
 
 
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